El caso que vamos a relatar a continuación, tiene que ver con los “Niños llorones”, serie de pinturas del pintor Bruno Amadio, que son conocidas como “los cuadros malditos” A raíz de la publicación de nuestro artículo, una lectora contactó con nosotros para informarnos que conocía de primera mano sucesos relacionados con uno de los cuadros. Amablemente, ha tenido a bien relatarnos estos hechos:

Todo ocurrió en Chile en 1982, en una zona rural conocida como Los Linces. La familia Nielsen Gacitua, vivía con sus tres hijos varones en las afueras de la localidad, donde adquirieron una parcela. El padre de familia, don Pablo, viajó en cierta ocasión a la ciudad de Santiago y en una feria de antigüedades compró un cuadro. Se trataba del retrato de un niño llorando. Volvió a casa y a su esposa, de nombre Else, le pareció una imagen tierna y sin conocer entonces la historia del pintor, la colocó en la sala de la casa.



En un principio nada ocurrió pero al cabo de un año uno de los niños empezó a tener pesadillas y a sufrir fiebre. No le dieron mayor importancia y al cabo de unos meses su otro hijo menor comenzó a escuchar ruidos en su dormitorio. Se trabaja de sonidos de arañazos en las puertas, chirrido en las ventanas y gruñidos como de un animal. Los padres lo atribuían a su imaginación, pero más tarde, su esposa y él comprobaron la existencia de rasguños en todas las superficies de madera de la vivienda, puertas, muebles, etc.

Los miembros de la familia comenzaron a tener visiones, como de unos ojos rojos que les observaban. Más tarde terroríficos sucesos comenzaron a producirse por la noche en sus dormitorios. Una firua negra agazapada en el dormitorio, de repente les atacaba en sus camas, y se subía sobre cada uno de ellos cuando dormían.

Contactaron con un sacerdote, pero no encontró nada y sólo bendijo el hogar y les insistió en ir de continuo a misa. Todo pareció calmarse durante un tiempo, para empezar de nuevo con agresiones físicas de esta oscura entidad.

Un día, observando el cuadro, la madre descubrió, horrorizada, que el niño (niño llorón) sonreía burlonamente y en su cuello apareció la imagen de un lobo y unas figuras demoníacas. Llamaron a un pastor evangélico, hombre muy culto, que les habló de la pintura y su historia. El pastor les recomendó bendecir la pintura para posteriormente quemarla y enterrar las cenizas en sal. Hicieron todo ello, con la certeza de que los siniestros acontecimientos cesarían, pero a la semana siguiente se produjo un incendio en la cocina y otro sucesivamente en el dormitorio. Más adelante, sufrieron el repentino e inexplicable fallecimiento del hijo menor. Finalmente decidieron mudarse de casa y la parcela fue abandonada.

De todo ello hace 35 años y la propiedad nunca se ha vendido, ya que todo el mundo sabe que sobre ella pesa una maldición.

Todo el mundo en el lugar conoce aquellos sucesos, que gentilmente nos han sido relatados por Antonia Fernández, cuyos padres son amigos de la familia.

 
Compartir.

Sobre el autor

Más allá de los límites de la ciencia hay una historia de mitos y leyendas, seres mitológicos, extraterrestres y otros temas alucinantes. Descúbrelos con nosotros.

Comentarios cerrados